Antes de ayer estábamos los tres subiendo a casa en el ascensor y mi maridín empezó a hacer ruidito de besito para dármelo a mi. Cuando me estaba arrimando para corresponderle, miramos hacia abajo y vemos a Daniel, con una sonrisa de oreja a oreja levantando su mejilla hacia su padre para recibir el beso... Así que su padre se lo dio a él.
Me hizo mucha gracia, y más cuando su padre añadió: "Sí, no vaya a ser que se de un beso y te lo pierdas".
Cuando este tipo de cosas su papi le llama "el mimón" (superlativo de mimo). Si nos ve a los dos tumbados en el sofá, viene todo sonriente a echarse encima nuestro. Y cuando me voy a la cama con él muchas veces va a buscar a su papá y se lo trae a la cama también. Le encanta estar así, entre los dos. Los fines de semana cuando se despierta y aún estamos en cama su carita de felicidad lo dice todo.
En fin, que este pequeñajo no sólo nos ha robado el alma, también los besos que damos...











