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El
temor a estar lejos de casa
En la actualidad, los especialistas lo
llaman trastorno de ansiedad por separación.
Es el miedo excesivo que sufren algunos
chicos cuando se alejan de sus padres o de
los familiares con los que están más
ligados. No querer ir al colegio o sufrir al
quedarse en casas ajenas son dos de las
situaciones típicas. Cómo ayudarlos a
superarlo
En un grupo de la Escuela para Padres que
dirige la psicoanalista Eva Rotenberg, una
vez alguien dijo que siempre había querido
que sus hijos fueran independientes y que no
les costara separarse de sus padres. Por
eso, agregó, les había dado el pecho sólo
15 días. Y que había intentado no estar
demasiado tiempo con ellos por miedo a
generar apego.
.
Años más tarde, cuando sus hijos empezaron
a ir al jardín y a interactuar con otros
chicos de su edad, algo quedó demostrado:
la fórmula no había funcionado como ella
esperaba. En lugar de niños independientes
y seguros, tenía hijos que vivían colgados
de sus piernas, lloraban en el jardín de
infantes cuando sus compañeros ya se habían
adaptado y reclamaban la presencia de alguno
de sus padres en los cumpleaños, mientras
que los demás chicos se quedaban solos.
.
"El desapego es todo lo contrario de lo
que necesita un niño: genera dependencia y,
luego, angustia de separación. Para que una
persona se sienta bien cuando sea adulta,
debe haber pasado por la etapa de simbiosis,
que es normal y ocurre en los primeros meses
de vida", explica Rotenberg.
.
La angustia de separarse y el miedo de
perder una fuente de seguridad (que puede
estar encarnada por los padres o por otros
seres queridos) es un sentimiento común de
los seres humanos. Pero los niños lo
expresan abiertamente y sin pudor.
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Si hay que atenerse al diccionario, el
trastorno de ansiedad por separación es la
preocupación o el temor excesivos de ser
separados de familiares o personas con las
cuales el niño está ligado afectivamente.
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Martín, de ocho años, no quiere ir al
colegio ni quedarse a jugar en la casa de
sus amiguitos. Se abraza a su mamá y le
dice que tiene miedo de no volver a verla o
de que "a vos te pase algo malo
mientras yo no estoy".
.
Según los especialistas, todos los niños y
adolescentes experimentan algún grado de
ansiedad. Es una parte normal del
crecimiento. Sin embargo, cuando la
preocupación y los temores ante la separación
del hogar o de la familia no son apropiados
para la edad, puede tratarse de un trastorno
de ansiedad de separación.
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El diagnóstico
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Mailén, de dos años, es traviesa y le
encanta investigar todo. Pero cuando siente
que su mamá está lejos, es mejor taparse
los oídos. Este año, Mailén empezó a ir
al jardín maternal, pero su mamá la tuvo
que acompañar los dos primeros meses de
clases y sólo entonces comenzó a cumplir
el horario completo de tres horas; hasta ese
momento, era todo llanto y angustia.
.
Desde bebita, Mailén se acostumbró a
dormir sola porque sus padres pensaban que
de otro modo se iba a acostumbrar mal. Eso
le costaba, todas las noches, horas de
llanto. Además, tomó la teta apenas hasta
el tercer mes, por decisión de su mamá, y
estuvo a upa con cuentagotas porque sus
padres creían que tenerla en brazos
perjudicaría su independencia futura.
.
"Una de las fantasías más comunes de
los padres es el temor a convertirse en
eternos esclavos de los hijos. Sin embargo,
el ser tenido en brazos es una necesidad tan
importante para los bebes como sus
requerimientos fisiológicos", señala
la psicóloga Cora Rosenzvit.
.
"En los primeros meses de vida -continúa
la especialista-, levantarlos, hablarles y
acariciarlos es una de las maneras más
importantes que tienen los padres de
demostrar amor por su hijito. La presencia
constante de los adultos, intensiva al
principio, va a crear en el niño la
confianza básica de que no está solo,
librado a fuerzas desconocidas, y de que sus
necesidades van a ser satisfechas en algún
momento. Si esta confianza básica no se
logra establecer, cada ausencia o frustración
va a ser vivida con intensa angustia y
sensación de abandono."
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El afecto
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Se estima que un 4 por ciento de los niños
pequeños sufre el trastorno de ansiedad por
separación, mientras que la cifra para
adolescentes es algo menor. Los hijos de
padres que padecen el mismo problema son más
propensos a sufrirlo.
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Según un informe del Martin Memorial Health
Systems, para el diagnóstico de trastorno
de ansiedad por separación, los síntomas
de temor (ante la lejanía de algún miembro
de la familia) deben durar por lo menos
cuatro semanas.
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Diversos estudios indican que el trastorno
afecta por igual a varones y mujeres. Los
primeros síntomas suelen aparecer alrededor
de tercero o cuarto grado y, en general,
ocurren después de las vacaciones o de una
enfermedad prolongada.
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Se cree que hay factores biológicos,
familiares y ambientales que contribuyen a
su desarrollo. De hecho, actualmente se está
estudiando si un desequilibrio entre dos
transmisores químicos del cerebro (norepinefrina
y serotonina) interviene en los trastornos
de ansiedad.
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Algunos chicos heredan una tendencia a ser
ansiosos. Pero el temor y la ansiedad también
pueden ser aprendidos de miembros de la
familia u otras personas que manifiesten con
frecuencia esos sentimientos en relación
con el niño.
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"No se trata de niños con problemas,
sino de familias con problemas -dice la
psicoanalista Alicia Díaz Farina, directora
de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos
Aires-. Estos trastornos son llamados de
atención para que en las familias puedan
plantearse preguntas tales como: ¿qué
significa para los papás tener un hijo?, ¿cuáles
son sus historias familiares respecto de la
maternidad o la paternidad?, ¿en qué
situación familiar llega este hijo al
mundo?"
.
Los síntomas del trastorno de ansiedad de
separación (ver recuadro) pueden parecerse
a los de otros problemas psiquiátricos.
Siempre es necesario consultar al médico
para que haga un diagnóstico.
.
En general, los niños con este trastorno
manifiestan temor excesivo a que sus padres
mueran o desaparezcan, no pueden dormir sin
la presencia en el cuarto de un familiar y
presentan malestares físicos (dolor de estómago,
náuseas, vómitos, dolor de cabeza) ante la
inminencia de separación.
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Según los especialistas, hay causas
externas que hoy incrementan la
incertidumbre y la angustia de los niños:
padres que permanecen mucho tiempo fuera de
casa, inseguridad en la calle, un entorno
poco amigable en el jardín de infantes.
Pero estas situaciones no son la causa de
los temores, sino agravantes
circunstanciales.
.
Cómo evitarlo
.
"Seguridad en sí mismo es lo primero
que el niño necesita para formar su
identidad. Esa seguridad la obtiene del
marco afectivo que le dan sus seres más
cercanos, es decir del apego -explica Juan
Manuel Bulacio, director del Instituto de
Ciencias Cognitivas-. En los trastornos de
angustia de separación existe alguna
inseguridad en relación con las figuras de
apego; es decir, el niño siente que su base
no es segura y por lo tanto quiere
permanecer cerca de ella por temor a
perderla."
.
Un dramático ejemplo de la importancia del
afecto es el resultado de una famosa
investigación coordinada a lo largo de
treinta años por el psicólogo austríaco
René Spitz. Este estudio se basó en la
observación de cientos de bebes en diversas
guarderías.
.
Se trataba de nenes cuyas madres, solteras o
divorciadas y de nivel socioeconómico bajo,
no podían hacerse cargo de ellos. En estos
centros, cada enfermera tenía a su cargo a
diez bebes, por lo que cada uno obtenía, en
el mejor de los casos, una décima parte del
tiempo de la enfermera, es decir, una décima
parte de los cuidados que le hubiera dado
una madre.
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Como agravante de la carencia afectiva, era
común que las enfermeras colgaran sábanas
entre las camitas, aislando al niño del
mundo y de los otros cubículos.
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Todos los niños observados tenían buena
relación con sus madres, las que los
visitaban frecuentemente. Pero en cierto
momento, entre el sexto y el octavo mes,
fueron privados de ellas, por diversas
razones, durante tres meses.
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Como consecuencia de la separación, los
bebes desarrollaban una conducta
lloriqueante que después de un tiempo daba
paso al retraimiento. Solían desviar la
mirada cuando alguien se acercaba, se
negaban a participar en actividades que se
les proponían, perdían peso, sufrían de
insomnio y tenían resfríos recurrentes.
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Cuando la separación de la madre excedía
los cinco meses durante el primer año de
vida, los síntomas iban empeorando. Los niños
quedaban postrados boca arriba en su cama y
la pérdida de apetito y la propensión al
aumento de las infecciones llevaban a un
porcentaje tristemente elevado de muertes si
la privación afectiva continuaba en el
segundo año de vida.
.
Este es un ejemplo dolorosamente extremo de
cómo el ser humano necesita del contacto
afectivo para vivir. No alcanza sólo con
alimento y cuidados higiénicos. La falta de
afecto puede derivar en problemas como el
trastorno de ansiedad de separación u otros
mayores.
.
"Si la separación temprana de la madre
es indispensable por razones económicas o
laborales, debe tratarse de que el bebe
quede acompañado, en la familiaridad de su
casa, y en la medida de lo posible evitar el
anonimato de la guardería", opina el
doctor Jorge Franco, médico psiquiatra y
jefe de consultorios externos de Salud
Mental del Hospital de Clínicas.
.
"Se deben diferenciar los problemas
eventuales de angustia ante la separación
de los padres -como dificultad para quedarse
en el colegio o en casa de familiares o
amigos cuando se puede reconocer el motivo
que origina el conflicto- de aquellos casos
en los que el chico nunca pudo dormir fuera
de su casa, que exige la presencia de la
madre en un cumpleaños de un amiguito,
mientras que ninguno de sus compañeros está
acompañado", agrega Franco.
.
La maduración en la infancia es muy
variable y depende de muchos factores. La
necesidad de presencia y cercanía física
de la madre o de un sustituto con función
materna debe ir menguando con la edad, pero
si no se constituye la confianza básica en
el niño, que es su certeza de ser querido y
protegido, aumenta su inseguridad juntamente
con exigencias y demanda de atención.
.
"Alrededor de los tres años, el niño
ya puede separarse porque ha internalizado
la figura de los padres y cuando se separa
por un tiempo los tiene adentro. Como a esta
edad ya les ha perdido el miedo a los
desconocidos, hay que enseñarle ciertas
pautas para que pueda comenzar a cuidarse;
por ejemplo, que no se vaya nunca con un
desconocido por más amable que sea",
dice Eva Rotenberg.
.
El tratamiento
.
"Para la terapéutica deben
investigarse los factores biológicos del niño,
las características psicológicas de sus
padres, la relación afectiva de la pareja,
el vínculo con los hermanos y con las
personas que lo cuidan en ausencia de los
padres y la situación socioambiental en la
que se desarrolla el niño", dice
Franco.
.
El tratamiento específico del trastorno de
ansiedad de separación será determinado
por el médico, pero en general estos
problemas pueden ser tratados eficazmente.
.
Las recomendaciones de tratamiento pueden
incluir terapia psicológica para el niño o
el adolescente, centrada en ayudarlos a
aprender habilidades para manejar su
ansiedad y dominar las situaciones que
contribuyen a generar esa ansiedad.
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Algunos niños también se benefician del
tratamiento con medicamentos antidepresivos
o contra la ansiedad.
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En todos los casos, los padres tienen un
vital papel de apoyo en el proceso del
tratamiento; por eso, los especialistas
recomiendan la terapia familiar, además de
mantener un canal de consulta asiduo con la
escuela a la que el niño concurre a diario.
.
Por Valeria Burrieza
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Algunos síntomas
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Según la Academia Americana de Psiquiatría
Pediátrica y Adolescente (Aacap), los niños
con ansiedad de separación pueden:
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Sentirse inseguros si se quedan solos en su
cuarto.
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Demostrar apego excesivo.
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Manifestar temor de ir a la escuela.
.
Sentir preocupación o temor excesivos
acerca de sus padres.
.
Ser la sombra de su madre o de su padre en
la casa.
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Tener dificultad para dormirse.
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Tener pesadillas.
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Sentir temor exagerado por los animales, los
monstruos y los ladrones.
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Temer quedarse solos en la oscuridad.
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Tener rabietas cuando se los obliga a ir a
la escuela.
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Protagonistas
.
Estos son dos casos típicos relatados a
la Revista por padres y profesionales:
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Quiere ir a dormir a la casa de Tomás, pero
tiene miedo. Se arma de coraje y decide ir,
pero cuando oscurece empieza a extrañar a
su mamá. Aunque le da vergüenza, llora
frente a su amiguito y pide desesperado que
lo lleven a su casa. Cuando finalmente
llega, está de mal humor, se enoja con
todos y no puede dormirse.
.
Agustín, de 10 años.
.
Llora cuando llega la hora de ir a la
escuela. Dice que se siente mal, que su
corazón late muy fuerte, le transpiran las
manos, le falta el aire y le dice a su mamá
que tiene miedo de morirse. Muchas veces, la
excusa de que le duele la panza se anticipa
al momento de los preparativos para el
colegio y su mamá, cansada de lidiar todos
los días con la misma situación, a veces
deja que se quede en la cama.
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Belén, de 12 años
Fuente:
http://www.ppba.org.ar/articulos/nacion/nacion10.htm#
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