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Como
sabemos, el sueño es un proceso evolutivo,
pero también es cierto que no siempre
evoluciona del mismo modo: algunos bebés
acostumbran a dormir toda la noche desde que
nacen, otros tardan algunos meses o un año
en regularse, y también los hay que no nos
regalan una noche del tirón hasta los tres
años.
Por
lo general, alrededor de los tres años el
sueño parece regularse, los despertares se
reducen progresivamente hasta desaparecer;
en algunos casos, la mejoría ocurre incluso
antes, pero aún así, dormir a un niño
mayorcito también puede convertirse en un
nuevo reto.
Con cierta frecuencia, se niegan a irse a la
cama, no quieren quedarse solos, tardan una
eternidad en dormirse y cuando por fin lo
hacen suele ser de puro agotamiento o se
resisten a dejarse vencer por el sueño por
miedos reales o imaginarios. Se trata en
cierto modo de una nueva racha de angustia
de separación: ya no son bebés y entienden
que si nos vamos no desaparecemos y que nos
pueden llamar; sin embargo, eso no impide
que perciban el sueño como una separación
temporal de los padres, algo que no les
agrada lo más mínimo y que pretenden
evitar a toda costa.
A continuación vamos a ofrecer algunas
pautas que pueden ayudar a mejorar las
noches de toda la familia:
1.
Crear ambiente: es recomendable ir
rebajando progresivamente la actividad y
crear un entorno tranquilo que invite al
descanso. Después del baño o de la cena,
aconsejamos dejar luces tenues, apagar la
televisión, si acostumbramos a poner música
que sea tranquila.
2.
Sugerir actividades relajantes: si el
niño no se acuesta justo después de cenar,
es mejor evitar los juegos demasiado movidos
que podrían ponerle nervioso. Dependiendo
de la edad del niño, le podremos proponer
actividades más tranquilas como por ejemplo
dibujar o pintar, hacer un puzzle o alguna
manualidad, leer un cuento.
3.
Flexibilizar las rutinas: si bien las
rutinas de buenas noches suelen darles
seguridad, es buena idea evitar ser
demasiado estrictos. Crecen muy rápido y
las rutinas se deberán adaptar a sus nuevas
exigencias: si antes se dormía al pecho o
con una canción, ahora necesitará un
ritual más elaborado. Puede ser buena idea
dejarles opinar y pactar con ellos, dentro
de una lógica, aspectos de la nueva rutina.
4.
Intentar que no se levanten: algunos
niños buscan pretextos para levantarse de
la cama, como ir al baño, a por agua,
apagar la luz, encenderla de nuevo, etc. Es
buena idea negociarlo con ellos de antemano,
suele funcionar bastante bien pedirles que
lo hagan todo seguido y después, una vez en
la cama, que no se vuelvan a levantar.
5.
Hablar, hablar y hablar: la ventaja
de dormir a un niño mayor es que se puede
hablar con él. Es un buen momento para
hablar de lo que ha ocurrido durante el día,
aclarar malentendidos o hacer proyectos para
el día siguiente. Si le ayudamos a expresar
sus inquietudes, se dormirá más relajado.
6.
Cuentos con moraleja: a los niños
les suele gustar que se les lea un cuento
antes de dormir. Podemos leerle uno, o
inventarlo. En casos desesperados, podemos
contarle la historia de un niño que no quería
dormir y al día siguiente se levantó muy
cansado, o convertir en un cuento lo que
haremos mañana para que se anime a
descansar.
7.
Poner magia en vuestras vidas: a esta
edad suelen empezar los miedos. A cosas
reales, como la oscuridad o los ruidos, o
imaginarios, como monstruos y todo tipo de
seres sobrenaturales. Cuando las
explicaciones lógicas no les tranquilizan,
podemos recurrir a la magia, por ejemplo
inventarnos un “hechizo” capaz de
mantener a raya cualquier criatura terrorífica,
o un mago que les lleve, una vez dormido, a
un país imaginario de sueños felices.
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